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18
Dic

Yoga y menstruación

A partir de que la práctica del yoga se ha popularizado como un hábito saludable, han surgido reflexiones y constataciones entre las mujeres relativas a sus beneficios para atenuar trastornos de la menstruación, del embarazo, del postparto, de la época de crianza, de la menopausia y de la postmenopausia.

Algunos maestros y maestras han abundado en las reflexiones y ofrecido respuestas a las preguntas, basándose en el saber ancestral del cuidado de la mujer de manera especifica en la menstruación y embarazo. Ha sido necesario recuperar el reconocimiento de las cualidades femeninas desde los Vedas y desarrollar un estudio minucioso tanto de los efectos fisiológicos como de las cualidades energéticas de las posturas y las prácticas de meditación y respiración. Si bien su componente físico fue de inicio desarrollado por y para hombres, gracias a ligeras adaptaciones las mujeres gozan también de los beneficios de la práctica de forma integral, lo que promueve un retorno al balance entre lo masculino y lo femenino en el concepto del Todo.

Con la llegada del yoga a occidente y tras el diálogo con maestros espirituales de la India, se generaron corrientes de yoga exclusivo para mujeres. Mujeres apasionadas de esta sabiduría milenaria, como la letona Indra Devi, iniciaron por ahí de los años 30 la difusión del yoga más allá de los confines de su tierra de origen. Geeta Iyengar, como practicante y discípula de su padre BKS Iyengar, fue la pionera del movimiento de práctica del Yoga para la mujer, desmitificando por medio de su libro “YOGA: una joya para la mujer” que fuera un recurso exclusivo de los hombres. Geeta fomentó una práctica para mujeres durante el embarazo y lo impulsó como solución a pobres estados de salud. Paralelamente, Yogui Bhajan instituyó un cuerpo de enseñanzas específicas para la mujer, de acuerdo a las especificidades de su esencia. Así surgieron las primeras adaptaciones de la práctica y las posturas a las diferentes etapas del ciclo y de la vida de la mujer, que dieron pie a un amplio campo de investigación vigente aún hoy en día, cuando se estima que el 80% de los practicantes a nivel mundial son de sexo femenino.

El Yoga para la mujer es un movimiento de consciencia y una forma de brindar respuesta a malestares que nos afectan, tanto a nivel físico como espiritual, como una guía para generar un balance interno y para profundizar en nuestro desarrollo personal.

La naturaleza de la mujer es cambiante y cíclica. Requiere de ser abordada de manera específica para alcanzar su mejor estado de energía y bienestar, obedeciendo a que los procesos de creación, sostén y depuración sean experiencias conscientes que entren en sincronía con el flujo interno y externo, mientras evitan el desgaste y la sobrecarga física o emocional.  El Yoga para la mujer promueve reestablecer la naturaleza cíclica a través de un trabajo restaurativo, de la consciencia del cuerpo orgánico y de la respiración. Es un programa que busca integrar cada proceso por el que pasamos y nos conecta con la sabiduría de nuestra naturaleza de transformación constante, ayudándonos a decodificar el mundo, los ciclos y los cuerpos con una filosofía de autocuidado y de escucha de la voz interna que nos invita a la unificación y la integración. Cuando abordamos las necesidades del cuerpo femenino adaptando el trabajo de posturas, respiración y meditación, la mujer se sintoniza con sus cualidades cambiantes, intuitivas y creadoras como su principal potencial para autogestionar su energía y optimizar su desarrollo personal y profesional.

A lo largo de nuestras vidas, las mujeres transitamos por diferentes planos y etapas. Momentos cruciales como la menarca, el embarazo, el postparto, la crianza y la menopausia entretejen nuestra identidad y se expresan en una suerte de alquimia en nuestro cuerpo, animándonos a niveles físicos y sutiles de gran profundidad al tiempo que nos conectan con los ciclos de vida en la naturaleza, la tierra y sus procesos.

La principal diferencia entre el yoga en general y el Yoga para la mujer radica en la creación de un espacio de contención y de reconocimiento del momento en que cada mujer participando se encuentra, compartiendo y explorando libremente las secuencias y los principios de la práctica en función de reconocer y honrar la belleza, fuerza y capacidad de los estados superiores de consciencia que conlleva la etapa vital por la que cada una atraviesa en ese momento.