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08
Ene

Pechos, mamas, senos, chichis, tetas…

Si cierras los ojos y pones las manos en tu pecho… ¿qué encuentro esperas?

El contacto con tu pecho es un acercamiento a tu corazón. Tocarnos y sentirnos puede hacernos estar más conscientes de nuestras emociones. La sensibilidad de la piel genera un grato cosquilleo y una corriente sutil que puede potenciarse con una respiración profunda. Nuestros senos en sus funciones de nutrición de las crías y de proyección hacia lo externo, sin importar su aspecto en cuanto a tamaño y forma, contienen lo que desde nuestro campo del corazón energético nos vincula con nuestro alrededor y genera una sintonía que influye en el entorno más allá del contacto físico e incluso de los otros sentidos.

Como glándulas, los senos femeninos y los masculinos son muy parecidos. Los hombres cuentan también con mamas como cualquier mamífero. Sin embargo, las ligeras diferencias fisiológicas le permiten a las mamas femeninas cumplir además con la función de nutrir a las crías. En general, nuestros senos tienen más terminaciones nerviosas y se sintonizan con los diferentes cambios hormonales a lo largo del ciclo menstrual y de las diferentes etapas de la vida. Los senos cambian de tamaño, textura y aún de color en el pezón al paso de los momentos clave de la vida de la mujer, tales como la pubertad, el embarazo, la lactancia o el postparto.

En el ámbito dominante en nuestra sociedad moderna, la forma y tamaño de los senos ahora buscan responder a parámetros estéticos de belleza generalizados y poco realistas. Además, extrañamente, a pesar de tener los nuestros propios ahí disponibles para la autoexploración y la estimulación placentera, es poco común que las mujeres nos toquemos y reconozcamos nuestros senos, tanto en lo más burdo como su forma y consistencia, como en lo más sutil, por ejemplo las sensaciones.

Los estándares que se han ido imponiendo externamente a través de los sostenes homogenizan una imagen y promueven la sobresexualización de las también llamadas tetas. Este nuevo paradigma comercial dificulta aún más su reconocimiento como órganos difusores de emociones, conscientes o inconscientes. Desde el interior, la forma en que se irradian los lóbulos internos nos hace pensar en la intención del cuerpo de salir a tomar contacto con el entorno o de penetrar el mundo emocional desde el corazón como si éste tuviera ramas y un sistema vecino de complejas redes en la linfa lo acompaña paralelamente en un sistema de drenaje y limpieza.

La salud de los senos es un complejo sistema en el que tienen un gran impacto la salud emocional general y el equilibrio hormonal. Energéticamente, los senos se relacionan con la capacidad de dar y recibir y con el propio contacto con el corazón.

Cada vez que tocamos nuestros senos, además de brindarnos la oportunidad de un contacto más consciente con nuestra emocionalidad al despertar la consciencia del corazón, generamos un espacio para recibir de nosotras mismas.

Los automasajes de toda el área del pecho nos ofrecen, más allá de la examinación necesaria en busca de malestares o  cambios, un espacio de cuidado personal, ya que el contacto con el tejido restablece la conectividad de los conductos y facilita la expulsión de toxinas, tanto en el plano de lo físico como de lo emocional.

En el propio contacto se genera un puente hacia el placer, un abrazo continuo, la liberación de oxitocinas y otros neurotransmisores y la potencialización de nuestro poder personal.

Nuestros pechos penetran el mundo y nos dan la oportunidad de sentirlo.