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15
May

La Gran Madre

El arquetipo de la madre es como todo arquetipo un conjunto de significados conceptuales, símbolos y significantes que nos permiten compartir en el nivel consciente e inconsciente una figura que conforma parte de nuestra estructura psíquica.

La Gran Madre contiene tanto lo considerado positivo como aquello considerado negativo, es decir, todo el espectro de luces y sombras que componen naturalmente una totalidad.

La Gran Madre es la representación del principio femenino manifestado en la vida del planeta; en el plano tangible  de la realidad que es resultado de la creación y concretación. Nuestro cuerpo material es parte de este principio, es decir que somos elementos manifiestos del tejido de creación y concretación material del principio femenino. Por ende, todo nutrimento, efecto y manifestación que generamos implica la continuidad de la energía de vida que es la Gran Madre.

Físicamente, la Gran Madre siempre se representa con volúmenes y espacios redondos, húmedos, y transmisores de luz. Los elementos relacionados con ella son el agua y la tierra porque, a su imagen, pueden ser fecundados o transformados a través de la luz o el viento, generando vida y conduciendo a los elementos masculinos a la multiplicación de la materia.

La dualidad de la figura de la madre se ha expresado en mitos como los de Perséfone, quien por un lado se mueve en el mundo externo generando vida, proveyendo cultivos abundantes y la creación de la vida y, por el otro, es el ser oscuro que entra al inframundo y destruye el ciclo anterior, permitiendo la renovación de las tierras.

La Gran Madre suele representarse con cualidades femeninas exacerbadas, por ejemplo en las vírgenes o las diosas que mantienen una conexión continua con el ejercicio de la maternidad. Son comunes las imágenes de mujeres embarazadas o lactando o jugando con bebés o con angelitos. En múltilples latitudes, forman parte de nuestra psique y aportan simbolismos que establecen un patrón que perpetua el rol materno de la mujer. Este arquetipo se ha traducido injustificadamente en la exclusión masculina de la tarea de maternar, lo que polariza la relación entre sexos.