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30
Jul

El Orgasmo Femenino

Hablar del orgasmo femenino evoca todo un complejo de factores fisiológicos, energéticos y emocionales, tomando en cuenta que hay quienes refieren hasta trece tipos diferentes de orgasmo en el cuerpo de la mujer –cuatro de tipo genital y una decena más distribuidos en otras zonas del cuerpo o de carácter puramente emocional.

En nuestra cultura, ha sido común que se considere que el orgasmo femenino depende de la habilidad del hombre para provocarle placer a la mujer. Sin embargo, el creciente movimiento de emancipación sexual nos ha permitido ampliar nuestras fuentes de información y tener un mayor conocimiento de nosotras mismas.

Las conexiones a nivel fisiológico en la trilogía cuerpo-útero-corazón hace que las mujeres, en regla general, experimentemos la sexualidad y el orgasmo a múltiples niveles o capas de interacción de acuerdo a la historia personal de cada una.

Si bien el orgasmo es una experiencia individual poco descriptible, muchas coinciden en que lo viven como el resultado de una relación que inicia a nivel mental y emocional con una misma o con la persona con la que se interactúa sexualmente, ya desde antes del juego previo en la seducción o cortejo, con la fantasía, la vinculación y la calidad de contacto.

Las mujeres expresamos el orgasmo como parte de un proceso de rendición y entrega, ya sea en una dimensión de confianza en la vida o al proceso de construcción de un vínculo emocional que incentive el libre tránsito de sensaciones y energías de vinculación.

La entrega neutraliza ciertos mecanismos de defensa y de evitación del placer que muchas podemos tener activados consciente o inconscientemente. Solemos buscar un contexto de seguridad, de confianza y de complicidad.

A pesar de ser un proceso relativamente elemental desde el punto de vista fisiológico, el orgasmo de cada mujer depende de sus experiencias de vida, ya que estas construyen un código que favorece u obstaculiza la vivencia sensorial. La oxitocina juega un papel fundamental, al ser el neuropéptido al origen de la sensación humana de conexión con los demás. Es central en las relaciones sexuales y en el orgasmo, ya que en presencia de señales de alerta o peligro se desvanece, lo que se traduce en la ausencia de una respuesta sexual satisfactoria.

“Alcanzar” el orgasmo requiere de un contexto libre de prejuicios, así como de permitirse vivir procesos de autoexploración y de autoconocimiento que aumenten nuestra confianza en nosotras mismas y de una noción de libertad emocional para conectar de entrada a nivel personal y, dado el caso, con la persona con quien compartimos nuestra intimidad.