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22
Dic

El ciclo menstrual como GPS interno

En la naturaleza, todo está estructurado en patrones cíclicos, tanto conductuales como biológicos: lo mismo el recorrido orbital de los cuerpos celestes que los tiempos de siembra y cosecha, así como la reproducción celular que continuamente regula los procesos de regeneración y de renovación de los seres vivos.

Todos los seres que habitamos la tierra respondemos a los ciclos que nos conforman, aunque los humanos de las sociedades modernas en gran medida nos hemos desentendido de ellos. Buscamos conformarnos a una exigencia de productividad, servicios y contenidos que solicitan nuestra atención y disponibilidad las 24 horas al día de los 365 días al año. Vivimos en culturas comerciales de competencia y supervivencia, a la que se asocian las etiquetas de «progreso», «éxito» y hasta «evolución», vistos como si fueran una línea recta interminable.

Al hablar de los ciclos en el humano, observamos desde los más evidentes como son el de la respiración o el de la vigilia y el sueño, hasta los más sutiles como son los de la renovación de la sangre o del líquido cefalorraquídeo. Cada uno de ellos presenta fases que marcan un ritmo y vivimos en la certeza de que su continuidad nos sostiene: luz-oscuridad, inhalación-exhalación, siembra-cosecha, externo-interno, entrada-salida, actividad-descanso, primavera-invierno… los ciclos son una parte intrínseca de nuestra vida.

Para las mujeres, la menstruación marca el inicio de una vida cíclica particularmente definida. Si le brindamos atención, reconocemos ciertas experiencias físicas y emocionales, una “inestabilidad” y repeticiones. Si no sabemos ubicarlas, éstas se quedan sin nombre y en el desconocimiento de que son parte de un ciclo, un ciclo lunar: el ciclo menstrual.

El ciclo menstrual conlleva cuatro fases. Anímicamente, dos son más bien activas y las otras dos más bien introspectivas. Estas fases las regulan mecanismos hormonales de enorme precisión.

A través del entendimiento de nuestro patrón cíclico, podemos trazar un mapa de cada fase, para transitar entre ellas con la confianza y la certeza de las características y calidades propias de cada una. Esta consciencia de ubicación en el mapa de nuestro ciclo menstrual despierta un sentido como de GPS interno.

En la medida en que integramos las particularidades del momento del ciclo en que nos encontramos cada día, podemos sacarle provecho alineando mente, cuerpo y corazón. Reconocemos si nos sentimos en un momento más propicio para exteriorizarnos o para reflexionar e introyectarnos. Damos pie a un proceso de arraigo en nuestro cuerpo y fomentamos una relación más lúcida con nosotras mismas.

Hoy en día, hay muchísima información disponible sobre la ciclicidad e inclusive acompañamientos profesionales especializados en ofrecer una guía personal para el tránsito del ciclo menstrual.

El ejercicio de identificar los patrones que presentamos en cada fase del ciclo es una herramienta para agudizar nuestra consciencia. Este trabajo no sólo se limita a registrar el primer día de sangrado, sino que además implica desarrollar habilidades meditativas básicas al volver la mirada hacia las emociones y las sensaciones corporales provocadas en todo momento por los cambios hormonales.

El propio ciclo menstrual nos ofrece la más completa información para equilibrar nuestra salud física, emocional e inclusive interpersonal. Es una vía para conocernos a nosotras mismas y regularnos autónomamente. Utilizar el ciclo menstrual como mapa de acción, de autocuidado y como fuente de información nos invita a encontrarle un sentido y un ritmo a todas rachas, las de actividad y las de reposo, las de renovación y las de regeneración.

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